De dónde nace Vida Plena
Nació de algo difícil de detectar: una vida suficientemente buena como para no cuestionarla.
Por fuera, todo parecía funcionar. Cumplía, era responsable, tenía reconocimiento y suficientes razones para pensar: “me está yendo bien.” y, en cierta manera, era verdad.
El problema no era que aquella vida fuera mala. Era creer que representaba prácticamente todo lo que yo podía llegar a construir y expresar.
Hasta que entendí que mi realidad actual no era una medida de mi potencial, sino el resultado de la forma en la que hasta ese momento había aprendido a pensar, decidir y vivir. Y después llegó una verdad todavía más profunda: ningún resultado externo puede decirme quién soy.
Los resultados son consecuencia, no identidad. Construimos desde el valor que ya recibimos.